Opinión - Y cómo se nos ve

 

  Siete pies de Zaharra     

 

La hª de Shegun Azpiazu

 

-15 de diciembre de 2016-

 

* Por Daniel BARRANQUERO

 

 

¿Cómo un chico diestro que no podía estirar el brazo acabó convertido en leyenda? El carisma eterno, la altura incomprendida, el alma de la Parte Vieja. Desconocido y adorado a partes iguales, el primer gigante del baloncesto español. La apasionante historia de Shegun Azpiazu, por Daniel Barranquero.

   

 

”Por la Parte Vieja paseo,
recorro sus callejuelas…
de todo lo que me acuerdo,
que me ha dejado secuelas”

“Parte vieja de Donosti”, Braulio Sánchez Vázquez. Mis poemas

 



Todo arde menos calle Trinidad. San Sebastián llora, San Sebastián muere. Es 1813. Es 31 de agosto. Las tropas anglo-portuguesas han incendiado la ciudad, después de aprovecharse de la confianza de los lugareños. Verdugos con disfraz de liberadores. Los que horas antes pedían agua y vino, ahora asesinan a sangre fría, violan, saquean e incendian.

Solo un lugar, allá donde estaban los mandos ingleses y portugueses, escapa del fuego y se convierte en símbolo de resistencia. En metáfora real, tangible, de lo que alguna vez fue. En recuerdo cuando cayeron los muros, en historia cuando se recuperó la alegría. La calle Trinidad transformada en calle 31 de agosto, extraña paradoja de la que nunca ardió. La leyenda de la Parte Vieja. El corazón de la Parte Zaharra.

El epicentro del pintxo, al pie del Urumea. La Basílica de Santa María del Coro, el Convento de San Telmo, la Iglesia de San Vicente, impasibles al tiempo. Las casas de color y sueños, los bares de vino y risas. Las calles que rimó Celaya, el alma de Shegun Azpiazu. Era su barrio. Era su calle. Fue su vida.

El ascenso del gigante

Segundo no era un niño normal. Nacido un 11 de febrero en esa Parte Zaharra que siempre fue de su mano. Koxkero orgulloso, hijo de pelotari, alto hasta lo inimaginable, sin mesura. Y sin adivinar entonces que aquella inoportuna caída jugando al fútbol iba a marcar su futuro, por una lesión mal curada. Su brazo derecho, escayolado, creció con la presión del yeso y su desviación ósea nunca encontró solución en el quirófano. Su brazo, simplemente, jamás volvió a quedar recto, algo que no detuvo a Gasca en su obra más personal.

Artista del banquillo, renacentista en la banda, loco y genio, Josean Gasca se pellizcaba cuando descubrió a Azpiazu con solo 17 años, camino de sus 210 centímetros de inocente utopía. ¿Qué eres diestro y no puedes jugar con la derecha? Habrá que probar con la otra mano. Que no hubiera probado con el básquet antes, ayudaba. Moldeado con instrucciones básicas –“así hay que moverse, así que hay que tirar, así debes colocarte para el rebote”-, con tanta fe como horas, el adolescente entró muy pronto a formar parte del Atlético San Sebastián, un modesto equipo que ya olía a revolución.

Aquella segunda división se escribía en blanco y negro. Grupos geográficos, enfrentamientos regionales que eran guerras, secretos que morirán con sus protagonistas. Si la batalla era romántica, a poeta nadie le ganaba a Gasca“Tenía obsesión por los grandes, veía mucho baloncesto americano y quería altura en su equipo”, relata Xabier Añua, que también participó en aquellas operaciones altura con los Díaz Miguel o Pepe Laso, en busca de los centímetros que aún nadie había visto.

 

De Segundo a Segun. De Segun a Shegun, entrañable como él. Tranquilo, calmado, el equilibrio a la sangre desbordada de Gasca, que se iba haciendo entrenador mientras sus discípulos se hacían jugadores. Su 2,10 parecía aún mayor cuando pisaba la pista. Gigante defensivo, de peso, ideal para impedir el primer paso del contraataque solo con abrir sus brazos, con generosidad y entrega. Frente a la lentitud, intimidación. Frente a su brazo, cabeza. Y la virtud del pase. “Ha sido el primer 7 pies del baloncesto español… ¡y jugando en 2ª!”, exclama Trecet“Naturalmente, el rebote era nuestro. Hablamos de una era en la que el pívot de la Selección, Alfonso Martínez, medía 1,94. Llegaba al aro sin saltar en la época en la que con un mate podías cargarte el tablero. Aquello no se movía. Imagina el espacio que ocupaba”.

“Nunca buscaba su lucimiento personal”, remarca Iñaki Almandoz, el benjamín del equipo entonces, hoy presidente del Askatuak. Hace solo unos días, ordenando, se encontró un papel con más de medio siglo de vida. Era una carta de la Federación Española en la que se hablaba de su preselección y de un inminente viaje al otro lado del charco que jamás llegó. Transcurría el 65, un año después de ser declarado mejor baloncestista guipuzcoano, repitiendo en el 69 y en el 73. Era en el verano de su paso por el quirófano, ese que iba a sanar por siempre su lesión. Tampoco ocurrió. El doctor Navea se echaba las manos a la cabeza en aquel día de agosto en Barcelona. La desviación era de carácter óseo y la operación, con los medios de la época, solo serviría para aliviar, nunca para curar. Su anhelo de ser internacional quedó en el limbo. “No me sorprende. En aquella época había un lema: ‘Somos buenos y bajitos’. Más bien, los altos no jugaban, llegaron más tarde”, explica Aíto García Reneses, mientras que Ramón Trecet añade el factor de la invisibilidad de su equipo en el plano mediático y Xabier Añúa incide en el carácter reservado del jugador: “Le gustaba jugar, ganar y competir, pero no destacar. No era ambicioso y nunca se puso en el foco”.

 

Empero, alejando de la realidad, el mundo parecía más bonito, cual cuento de hadas, cuando se reflejaba en el mármol de Kursaal. Frío, amenazante, casi místico, con lámparas de araña mirando, con los espectadores del cine de al lado quejándose de los parones de la película a causa del ruido. Con Oscar Robertson pasando por allí para una exhibición, invitado por Gasca, escandalizado por las suelas desgastadas de Shegun. Con Guruceta, el genial hermano del aún más mítico árbitro de fútbol, inventando la figura del 3 alto -su 1,94, para un alero, era toda una declaración de guerra en aquellos tiempos-, con Monsalve rozando los 2 metros en la posición de 4 y con Azpiazu dominando cada aro para acabar de abrazar la gloria. Era el 67. El ascenso había llegado.

 


Una huella en el Palau

Almandoz repasa fotos, buscando un imposible. Azpiazu no estaba. Seat 600 transformados en descapotables, camino triunfal por el Paseo de la Concha, el Ayuntamiento vestido de gala. La ciudad en la calle y héroes recibidos como tocaba… sin rastro del más buscado. Y es que Shegun, justo después del histórico ascenso en Gijón, estaba haciendo la mili en Jaca. Acudía a los viernes, entrenaba, jugaba, y vuelta al cuartel de Jaca. Ese día no fue excepción para aquel que tuvo que jurar bandera de paisano, al no existir uniforme de su talla.

El de la Parte Vieja no pudo disfrutar de la fiesta… mas sí de sus consecuencias. Gasca volvió a ser el más listo de la clase. “En esos años no había pretemporada y los equipos se iban poniendo en forma con el paso de los partidos”, recuerda Trecet“Los citó a todos el 1 de agosto y, con la ayuda de un preparador físico fantástico, les puso a correr por playa y montaña”. Los frutos, desde el primer partido: “Debutábamos contra el Picadero y Alocén dijo en la radio que esperaban una victoria rapidita. Ganamos. Nunca olvidaré ese partido ni las palabras de Codina, sobre Azpiazu, nada más terminar: ‘¿Pero de dónde habéis sacado a ese?’”

Cinco hombres de la casa, muy poco dinero pese al patrocinio de Fagor y una temporada maravillosa, de locura, en la que a los imposibles se le caían los prefijos. “El 'cuidado con estos' se iba extendiendo por la Liga. Vino el Madrid de Luyk, el de las estrellas, con el que había que ponerse gafas de sol de tanto que brillaba. Pero ellos no habían visto a Azpiazu ni a Zabaleta y no se esperaban algo así”. Pique previo de Gasca con Ferrándiz –“tiene más cuento que Sara Montiel”-, cinco canastas seguidas de Manu MorenoLuyk anulado por Shegun y un público que no se lo creía. El ascendido tumbaba (73-70) al campeón. Los Sainz, Sevillano, Rodríguez o Emiliano no podían con los García, Guruceta o Azpiazu. El éxtasis. “Cuando acabó el encuentro, Ferrándiz me dijo solo tres palabras: ‘Cristo, Cristo… Cristo’”

El escaparate, por fin, era el ideal. “El jugador destacado mediáticamente de aquel equipo era el 7 pies”. Y su Atlético San Sebastián, la gran revelación liguera, con un 5º puesto cargado de orgullo y mérito. Un buen día, al final de un entrenamiento en el Frontón, le contaron a él y a Zabaleta que estaban preseleccionados para los Juegos de México 68. Solo su compañero pasó el corte. Sin embargo, la montaña ya estaba escalada y no tardó en descubrirlo. Xabier Añua, que le conocía muy bien de sus días como técnico en Vitoria y de las charlas nocturnas donostiarras, pensó en él para un Barcelona aún con piel de cordero. “Pasé con cuatro duros una temporada en Nueva York, para estudiar baloncesto, y a la vuelta tenía claro que los bases tenían que ser muy bases y los grandes, muy grandes. Me dieron un equipo de parte media-baja, lleno de juniors y pensé en Aíto, que a los tres meses sabía ya más que yo, y en Azpiazu, por su juego de equipo y capacidad para el rebote”.

Por aquel entonces, hasta el blaugrana parecía de una tonalidad diferente. El Palau en calle Lleida, lleno de goteras. Entrenamientos al aire libre… y con protestas cuando el técnico propuso hacerlos de forma diaria y no solo tres veces por semana. Si era de mañana, los universitarios faltaban. Lunes de comilonas sin límite a cargo el preparador, que trabajaba en un matadero. Noches de técnica individual hasta las tantas. O merendolas de libros y películas en la casa de Paco Bernal, con el donostiarra pasándose en ocasiones para aprender callado. Shegun combinaba dobles sesiones de trabajo con su primera experiencia allende la Parte Vieja, donde la vida parecía más complicada. Aíto facilitó la transición. “Eran cortados y acabaron llevándose maravillosamente bien”, recuerda XabierReneses asiente: “Vivimos juntos un año en Paseo de Gracia, en casa de mi tía política, que se quedó viuda”. Por el camino, mil anécdotas: “Tenía una Lambretta y a veces él se venía conmigo. Yo contaba que cuando la gente nos veía por detrás, decía: ‘mira, Azpiazu en moto’. Y si nos veía venir por delante, exclamaba: ¡Mira, Azpiazu en moto con un tatuaje en el pecho!”

En el Seat 850 del entonces base barcelonista acababan entrando AítoMansuet CampsManolo Flores y el propio Azpiazu, que llegó a quitar el asiento delantero de su 600 para poder conducir desde la parte de atrás. En otra ocasión, inspirados por el anuncio de Chamberlain de una aerolínea para promocionar la comodidad de sus asientos, García Reneses y Costa se dirigían a la azafata para pedir asientos anchos, que para eso eran un equipo de baloncesto. La azafata les acomodaba sin inmutarse en asientos normales… hasta que aparecían Azpiazu y el otro gigante Carmichael para provocarle sudores fríos. “Era un básquet que se prestaba a la broma, muy apasionado”, apunta Añua, cuya apuesta empezó a funcionar: “Carmichael medía 2,08 y jugábamos con dos enormes cuando el resto tenía pívots pequeños. Shegun sabía lo que había que hacer: cerraba rebote, anotaba si se la daban abajo y repartía asistencias”.

 
Y llegó la inauguración del Palau, un 1 de noviembre del 71. Y volvió el Madrid de Luyk a cruzarse en su vida, con idéntico resultado. Cuánto le costaban los hombres mucho más bajos y qué bien se le daba Clifford, al que le robó mil rebotes aquel día. Nadie le hizo temer tanto. El animador Tortosa perdía la voz, el partido se quedaba en casa y Añua se convertía en el primer entrenador en salir a hombros del recién inaugurado pabellón barcelonista, un recuerdo imborrable para ambos. ”Lágrimas blaugranas”, se leía al día siguiente en periódico. Supuso el principio de una etapa, con el Barça subcampeón, que acabaría derivando en títulos y días dorado. A él le pillaron ya lejos.


“Nunca pensó en su techo sin el problema del brazo, era una persona sencilla y no hacía castillos en el aire. Él tenía sus limitaciones, pero también los demás”, recuerda Aíto“Era lento y no supimos jugar bien con hombre de sus características, estábamos acostumbrados a jugar sin pívots así, no sabíamos pasar dentro”. Incluso así, dejó su huella en solo dos temporadas, con una anécdota y un legado antes de despedirse. Una noche, en un amistoso del Barça contra España, Shegun se pudo vengar de su no-convocatoria, con el Palau pitando a la Selección (¡en tiempos de Franco!) por las ausencias de Azpiazu y Soler. Después de eso, aumentó el patrimonio barcelonista con un tal Solozábal. Sí, Nacho Solozábal.

Añua no lo olvida: “Era un estudiante de matrícula de honor y sus padres ni querían oír hablar de baloncesto. Empezamos a acudir al restaurante familiar día tras día y Aíto les intentaba convencer de la compatibilidad de deporte y estudios. No había forma. Él propuso hablar en euskera a la madre y ella pensó que era de los suyos. Tras muchísimos chuletones por el camino durante esos dos años, les convencimos. Consiguió a una estrella”. Su herencia había calado muy hondo. Y no tardaría en comprobarlo.

Un epílogo (casi) perfecto

¡Ay, el Kas Bilbao! Cuántas historias entremezcladas, cuántas emociones antagónicas. El viejo Kas Vitoria del propio Añua, despedido para poner a un amigo de Dalmacio Langarica. Las protestas en la ciudad, el boicot a la marca. El cambio de sede a Bilbao, la bofetada al pasado. El dinero que llovía, el proyecto faraónico, el espejo del ciclismo. Los fichajes de renombre, el mito de Lester Lane, la ambición por las nubes. Y la rápida caída.

En mayo del 72, mientras Azpiazu daba sus últimos coletazos como barcelonista, una tragedia sacudía al baloncesto nacional. Pedro María Izaguirre, pívot titular del conjunto bilbaíno, enfermaba de fiebres tifoides. A los diez días, con solo 24 años, se confirmaba su fallecimiento. El Kas Bilbao se tambaleaba, hasta el punto de que su continuidad estuvo en entredicho durante todo el verano, y más tras el ascenso del Fiber-Kas. La solución salomónica derivó en fusión de este último con el Águilas y en mantener el hilo de vida, con un 30% menos de presupuesto y sin la estrella Iradier, traspasada al Barça. En esa operación entró Shegun, que puso en pie al Palau en su regreso como rival: “Como conmigo hicieron, le aplaudieron durante minutos. Era uno de los suyos y lo logró siendo de fuera. Enganchaba”.

 


“Hemos puesto los pies en la tierra y reconocido nuestros límites. No hay que despilfarrar el dinero cuando parece imposible desbancar a los grandes. Iremos a por la cuarta plaza”, aseguraba el presidente, que ni bajando objetivos logró cumplirlos. Sextos en la 72-73 y quintos en la 73-74, en la que jugaron en Korac contra el Antibes de Añua. Los 23 puntos de Azpiazu en la ida adelantaban en la serie a los Capetillo, Sagi Vela, Guimerá, Moreno y compañía, si bien su ex entrenador rio último y mejor, con remontada en tierras francesas. Por si faltaba algo, Webster añadió una buena ración de polémica. Escándalo en Badalona. Un puñetazo suyo a Santillana derivó en una recordada batalla campal. 6 partidos de sanción al americano, sí, mas un castigo tal vez severo al conjunto badalonés, lo que indignó a la afición verdinegra y al propio público catalán. Otra vez la palabra “boicot” a escena, con la marca de refrescos en entredicho a causa de un incidente que terminó de incendiar el proyecto. En 1974, el Kas Bilbao había muerto. Para colmo, un lío burocrático sin sentido por su contrato con el club, en el limbo, le dejaba un año alejado de las canchas, algo que parecía el fin de su carrera. Sin embargo, a muy pocos kilómetros, un grupo de hombres, un grupo de amigos, se encargaba de dibujar el perfecto epílogo a su carrera.

El Atlético San Sebastián matagigantes ya era solo parte del pasado, ya que el club polideportivo renunció a un conjunto de élite por su alto coste. Pocos antes, Zabaleta, la estrella en los tiempos de Shegun, aceptaba el puesto de profesor de educación de educación física en el Colegio Don Bosco de Rentería. Al poco, entre clase y clase, descubrió que el equipo de básquet era muy potente, animándose a ejercer de jugador-entrenador. Coincidiendo con una reestructuración de la categoría de plata, el equipo ascendió y Zabaleta dio un paso atrás. Olía a tarea para Gasca“Le faltó tiempo para venirse de Francia, pese a ganar menos dinero que allí”, rememora Trecet, que vivió de cerca el nacimiento de un nuevo club, el orgullo eterno de Almandoz“Conseguimos patrocinador, Dicoproga. Y apostamos por la vuelta de Azpiazu, que se propuso volver a casa tras 5 años fuera. Y eso que iba a cobrar calderilla, unas 3.000 pesetas al mes. Deseaba colaborar en el proyecto y Gasca le convenció. Acertaron”.

A pesar de su año en blanco, el 7 pies recibió ofertas procedentes de Badalona (Círculo Católico) y Lugo. La del Dicoproga, además, venía acompañada de un trabajo estable fuera del baloncesto, lo que le sedujo del todo. “Estoy en una buena edad para ser pívot, quizá me cueste más entrar en forma, pero habrá tiempo”, afirmaba a su llegada. Profecía cumplida. Madrugones para trabajar, las tardes para entrenar, los partidos para disfrutar y la Parte Vieja, su Parte Vieja, para celebrar, para perderse, para vivir su lustro de ausencia. Los hermanos Aramburu, el renacer de Zabaleta, la clase de Ubarretxena, la segunda juventud de Azpiazu y el carisma de Ed Robota, idóneo para la categoría. La fórmula funcionaba. La grada repleta y la magia desbordada en una época de cambios sociales en la que se empezaba a vislumbrar la democracia. Gasca lo había vuelto a hacer. “Ese primer año ascendimos con siete jugadores de la ciudad, uno de Vizcaya y un americano. Fuimos campeones con dos jornadas de antelación”.

El jugador más alto del país, regresaba a la élite a lo grande para refrescar la memoria de los que le habían olvidado, como al propio Saporta tras merendarse, por partida doble, al potente Vallehermoso de los FermoselJoe Llorente o Del Corral. Y si en el periodo estival Ed Robota se volvía a su país -con 10 txapelas para sus amigos de Buffalo, ¡quién pudiera verles!, Gasca se sacaba de la chistera a Dave Russel. Más glamour para un equipo que cuidaba el marketing. “Gasca le dio el toque de Dico’s y usaba su toque mágico para encontrar aleros que cogieran muchos rebotes y tiraran bien”. Nadie que viera jugar a ese equipo ha olvidado su desparpajo, su ilusión, la electricidad que trasmitía y que le llevó hasta la quinta plaza en su estreno. El billete a Europa. Del colegio a sellar el pasaporte en unos años de ensueño.

No, no había casi una peseta y entre las rosas hubo espinas, claro. Un día, a Russell, unos locos le rompían un dedo y al otro alguien colocaba una bomba en el club durante una tómbola. Empero, el Dico’s siempre encontraba la forma de esquivar los problemas para estirar la nube, para exprimir cada duro que entraba en club. “Azpiazu era austero y no despilfarraba y supongo que con el dinerillo de Barcelona y Bilbao le compensó. En lo deportivo, seguro. Él era el padre de todos, la figura. Disfrutó del baloncesto como nunca”.

 

Y las anécdotas volvían. Ni siquiera era ya el récord de asistencia en el Velódromo de Anoeta contra el Real Madrid (6.000 personas) o el éxito europeo. Cada jornada, como en sus tiempos dorados, era una anécdota, un relato para el futuro. Como cuando contra la Penya Gasca había ideado el plan perfecto para vencer a su bestia negra. ¿Que nos presionan a toda pista? Balón al base al sacar de fondo, que se vaya hacia un lado, engañe dándole el balón repentinamente a Shegun, que estará también bajo la canasta y será el que sacará de fondo por sorpresa. Pase de fútbol americano, canasta nuestra y a celebrar la victoria, exclamaba el genio del banquillo donostiarra. Solo falló lo último. “Mira que lo tenían ensayado, pero a la hora de pasar, como era tan alto, el balón dio en el tablero por la parte de atrás, le rebotó en la cabeza y cayó al suelo. Perdieron el partido”, cuenta Añua entre carcajadas. ¡Yo es que me moría, me dio mucha pena! En esos años no entrenaba e iba a sus sesiones, lo habían preparado tan bien…”

Nuevamente en los periódicos, más atención de los medios. Si le tocaba ir a un plató de televisión, Pedro Ruiz le recibía durante una entrevista seria que tornó en humor puro cuando, tras verse ambos a la misma altura, el plano se iba abriendo con el fin de mostrar que el periodista estaba subido a una escalera para igualarse al entrevistado, sin ningún tipo de complejo. Las canastas del “14” retumbaban más. Su tirito a media vuelta, sus tapones, su idilio con el rebote. Y, por encima de todo, fuera de la cancha aceptaba con naturalidad por fin ser el centro de todas las miradas, como confiesa su amigo Aíto“Le costó adaptarse, un 2,10 en esa época era muy impactante y él solo estaba cómodo en la Parte Vieja, aunque lo fue superando. Una vez, yendo camino de su tierra, paramos en un bar de Navarra a tomar algo y estaba lleno de señores tomando vinos. Él vio su reacción, me miró y me dijo: ¿Ves? Soy la sensación. Eso no lo hubiera dicho antes”.

Parecía el final del viaje. El baloncesto le había dado todo lo que la vida le hubiera negado por sus 210 centímetros de doble filo. Y su cadera gritaba pidiendo tregua, sacando bandera blanca, tras la advertencia de un médico que le habló incluso de un futuro de silla de ruedas en caso de seguir jugando. No obstante, si en ese momento le hubieran dicho lo que estaba a punto de ocurrir, Azpiazu se hubiera animado a eso de la ruleta rusa…

En el nombre de Gasca

Todo pasó muy rápido, como sucedía todo en la vida de Gasca, acostumbrado al precipicio y al cielo, a lo intenso de cada aventura. Russell, el americano maravilla, fue traspasado al Pau Orthez. Meses más tarde, se estrelló con el BMW que se compró tras su fichaje, conmocionando a la ciudad con su muerte y siendo repatriado con honores militares. En verano, tras su marcha y la retirada de Azpiazu, la elección parecía clara entre el gigante Beasley y el desconocido Essie Hollis“Nos quedamos con Hollis”, sorprendió Gasca“Necesitamos a alguien que encandile”.

“Lo suyo no fue fichar a una perla… era contratar a San Dios Bendito”, exclama Trecet, aún impresionado por la paranormal intuición de Gasca, que aún intentó convencer a Shegun una vez más, proponiéndole sacarse la ficha y a la vez ser su ayudante. Solo aceptó lo último, consciente de que hubiera acabado sucumbiendo a la tentación. Le faltó la bola de cristal. “Muchas veces me dijo Azpiazu que, si hubiera sabido que iba a jugar con Hollis, se queda un año más porque se lo hubiera pasado bomba. Y viendo como jugaba Hollis y como nutría de puntos a los pívots, le hubiera hecho internacional”, sostiene Almandoz, que disfrutó como un aficionado más cada capítulo de dibujos animados que regaló el de Pensilvania.

 

Era el estreno oficial del Askatuak (el equipo de “los libres”), en una 1977-78 que el gigante de la Parte Vieja vivió desde el otro lado de la pista, como ayudante de su padre baloncestístico. Otra vez a Europa, el último caramelo de un cuento de hadas que se nubló con los problemas económicos -ni siquiera el mítico Nate Davis logró evitar el descenso, a lo que le siguió otro- y que murió del todo cuando el corazón de su arquitecto, el poeta Gasca, dejó de latir para siempre. Ocurrió un 7 de diciembre del 82. Hundido y con ganas de desaparecer, Shegun volvió a mostrar su amor al club con un gesto que nunca hubiera querido protagonizar: coger las riendas del equipo en su peor momento. El todavía hoy presidente se emociona si vuela a aquel instante: “Él había entrenado a infantiles y juveniles y en esa campaña ejercía otra vez de ayudante en el primer equipo. Le supliqué que nos ayudara, estábamos huérfanos y él era el relevo natural. No quería vivir del básquet y respondió que nos ayudaba con una sola condición: no recibir dinero. Estuvo casi 5 años y no me cobró ni una peseta”.

Alejado otra vez más del primer plano mediático, refugiándose en su cuadrilla, su Parte Vieja, sus viejos amigos con los que potear y un carisma arrollador, Shegun Azpiazu volvió a salir victorioso de una batalla que parecía perdida. En 1985, devolvía al club, entonces Pacharán La Navarra, a Primera B, tras una fase de ascenso inolvidable en Córdoba. Meses después, con Hollis de vuelta y a sus órdenes, volvía a un segundo plano al renunciar a un banquillo que nunca pidió, por no poder ofrecerle al equipo toda la dedicación que requería. “Entrenaba como jugaba. Le vi dirigir varios encuentros y era idéntico. Siempre muy tranquilo, muy atento a lo que hacer, sin protestar jamás. Tenía sentido común, conocía al equipo y lo hizo muy bien”, sentencia Añua.

Sus últimos guiños en el mundo de la canasta le llevaron a ser, con 40 años, subcampeón regional de Guipúzcoa… ¡vistiendo otra vez de corto! Para darle más épica, de la mano de viejos rockeros del Atlético San Sebastián como Guruceta, García o Laborde. El presidente aún se acuerda: “Eran los amigos de aquel equipo de los 60. Quedaban, jugaban y se iban de cañas. Se llamaban ‘Agureak’, algo así como los carrozas, los viejetes. No tendrían facultades físicas pero sí técnicas. Además, a nivel provincial… ¡a ver quién leches le quitaba un rebote a Shegun!”

Década de los 80, nacimiento de la ACB, una sociedad muy diferente al de veinte años antes, un baloncesto ya en color y tan diferente al suyo. ¡Con hombres altos! Ahora sí, maldita sea. Tocaba pues una despedida, esta definitiva, colosal, poética y literaria, como si le hubiera prometido a Gasca que su anhelo de ACB vería un día al Askatuak, vería un día a Azpiazu, aunque fuera desde el banquillo, aunque fuera como ayudante, aunque se retirara en ese verano del 88, tras alcanzar el cielo de las tres letras en un curso mágico. Aunque su club del alma, sin recursos, se fuera al año siguiente para no volver ya más. Él tampoco lo haría.

Famoso no… ¡popular!

“No sé qué pasa en Donosti que les encanta la cuchufleta”, asegura el sonriente Añua para explicar el carácter de Shegun y su relación directa con la Zaharra donostiarra. “Nació, vivió y murió en la Parte Vieja. En la calle 31 de agosto, además. Allí tenía su mundo. Vivió siempre en casa de los padres, en ese lugar. Cuando se mudó, se marchó a cincuenta metros de distancia”. Extraña menos, pues, ver al otrora reservado, siendo el rey de los Carnavales vestido de novia junto a decenas de amigos y a Popotxo, de la Orquesta Mondragón. O, más tarde, disfrazado de Caperucita Roja para volver a ser el centro de todas las miradas.

 

‘Txikitear’ con la cuadrilla, una religión. Y las religiones tienen sus normas. “Podías verle poteando en cualquier momento con sus amigos de la infancia”, apunta Trecet“Le preguntabas al de un bar por dónde andaba Shegun, miraba la hora, veía que eran las 12 y te decía exactamente en qué lugar estaría”, relata asombrado AñuaAlmandoz ya se acostumbró: “Le conocían hasta las pulgas. Su ocio y su vida se hacían allí. Todo el mundo le saludaba, era parte ya del paisaje de San Sebastián. Sus disfraces, sus sociedades gastronómicas, los que le recordaban del baloncesto. Pero él decía que no era famoso… él era popular”.

Paradójicamente, todo lo extrovertido que era de pote en pote, se transformaba en discreción respecto a su vida privada. El baloncesto quedaba a un lado en plena implicación con los Talleres Gureak, una empresa que daba y da trabajo a minusválidos y discapacitados, para dignificar sus condiciones de vida. Otra vez a vueltas con el contexto. En plenos 80, la batalla no fue sencilla: “Todo comenzó con una serie de padres que tenían a hijos con discapacidad marginados por la sociedad”, relata Almandoz“Se embarcó en la aventura, como responsable de temas financieros, volcándose en ello el resto de su vida hasta la jubilación. Hoy es un grupo con red de gasolineras, servicio de correos, limpieza de edificios. Creyó en algo que hoy da trabajo a 5.500 personas”.

“Desde el anonimato, llevando contabilidad, se convirtió en el puto amo”, remata Añua, orgulloso de un amigo que no solo era reservado con su trabajo. “Había vivido solo muchos años pese a ser el hombre ideal por todas sus cualidades humanas. Luego se echó pareja pero la conocí menos por su discreción”, cuenta, en una versión que coincide con la de Almandoz“¿Te puedes creer que se casó y no nos dijo ni hostia? ¡No avisó el tío! Nos metíamos con él y nos respondía… ‘¿para qué os voy a avisar? ¿para que me hagáis regalos?’” Genio y figura.

Sus instantes de popularidad, solo en la Parte Vieja, pensaba, alérgico a cualquier otro homenaje que fuera más allá de esas calles. Y ni el baloncesto ni el ascenso del GBC -su alma seguía gritando Askatuak- fueron una excepción, rechazando incluso el homenaje de su adorado club. “Le íbamos a montar un partido tremendo, con su medalla de oro del club, su fiesta por todo lo alto, su camiseta ondeando… nada, no hubo manera. Me dijo que si le teníamos que dar algo que fuera en una cena íntima con los históricos del club. ‘Me basta con el cariño de los míos y así no os gastáis dinero’. Y se llevó la medalla así, sin más”.

El abrazo con Robota, con Ubarrechena o Aramburu. La alegría de volver a ver al mito HollisShegun pudo estar presente en los actos de celebración del 40ª aniversario del Askatuak, reencontrándose con su otra cuadrilla, la del básquet, la de los únicos que pudieron entender su dimensión real en una pista. Para entonces, ya estaba enfermo. Pero hasta esa guerra la cerró con la cabeza alta.

El adiós a un amigo

“Llevaba luchando 7 años”, explica Almandoz, mucho más un amigo que un viejo compañero de trabajo. Todos los protagonistas de esta historia lo fueron, lo son y lo serán para siempre. Todos estuvieron de una forma u otra ahí. “Los primeros cuatro años se valió por sí mismo, la medicación no le hizo tanto. Sin embargo, a partir de una operación de cadera, empezó a tener que acudir a revisiones. Propuse hacerle de chófer, no cabía en un coche cualquiera y él me había ayudado a mí antes. Estrechamos aún más los lazos e incluso le decía a sus familiares que ya iba muy cómodo conmigo”.


De comilona en comilona, la herencia del viejo amor a las sociedades gastronómicas, el de la Parte Vieja fue reencontrándose en los últimos tiempos con aquellos que le acompañaron durante sus 72 años de vida. Y si no podía, era por un buen motivo. “La última vez que le llamé, no me lo cogió y al tiempo me comentó que estaba peor. Hasta entonces, cada vez que viajé a San Sebastián le avisé para tomarnos algo”, relata Aíto García Reneses“Le dijeron que tenía que andar y siempre iba Concha arriba, Concha abajo. Llevó muy bien el cáncer porque era un personaje fantástico”.

Por su parte, Trecet se queda con un gesto, el de sus abrazos imposibles, el de sus abrazos sinceros: “Cuando iba a la Parte Vieja me daba la mano y me daba las gracias por hablar siempre de mis raíces y mis maestros. Iba con mi hermano a un restaurante cercano a su casa y era muy emocionante verle porque fue para mí un referente. Todos sabíamos que estaba enfermo pero él cuando te veía nunca te hablaba de su enfermedad, no tocaba el tema. Te veía, se inclinaba y te perdías ahí en el abrazo”.

Añua también prefiere sonreír recordando sus últimos encuentros. “Él paseaba por la Concha, se leía el periódico y se volvía a la Parte Vieja. Una vez me lo encontré y no me reconoció porque me había rapado. ¡Menos mal que estaba mi mujer! Ya cada vez iba más lento y Manu Moreno me decía que estaba muy malico. Eso sí, cuando nos cruzamos, por muy lento que fuera él no paraba y yo tenía que ir dando vueltas con mi bici para conversar con él”. Orgulloso hasta el último día.

El pasado 1 de diciembre, el teléfono de Xabier sonó con la peor de las noticias. Era el propio Manu Moreno, otro de los imprescindibles, desde el maldito tanatorio. Nada de funerales religiosos, ni de actos multitudinarios. Él no lo hubiera querido. Almandoz, que se dirigía a Barcelona para la comida de fundadores de la ACB, regresaba inmediatamente a Donosti, consciente desde su último encuentro, un mes antes, de que su viejo amigo se había quedado sin fuerzas.

Y Donosti se quedó en silencio. Y la ciudad volvió a arder, dos siglos después, con lágrimas en lugar de fuego. Se había ido un trocito de historia, un cacho de tierra, una parte de su corazón. También del de Iñaki Almandoz“De repente se va una persona que está siempre en la calle, tan destacado por su altura y por su buen humor, y la ciudad se queda huérfana. Era desinteresado, en lo deportivo y lo profesional. Solo él sabe las horas que echó con Gureak o su generosidad con el Askatuak. Nunca pidió nada a cambio y esos proyectos le definen. Generoso y discreto hasta el final”.

“No solamente se ha muerto Azpiazu, se ha muerto una leyenda que forma parte de la ciudad. Era un referente. No se puede contemplar el baloncesto vasco sin él. Azpiazu era nuestro Azpiazu. Y sin Azpiazus no hay Gasoles”, asegura Trecet, cuyo lamento es compartido por Aíto“Muchos compañeros me llamaron para preguntar porque sabían que tenía más relación con él y porque fue un tío estupendo, todos tienen buenos recuerdos suyos. Se le recordará como una persona bondadosa, con una naturalidad absoluta y muchas ganas de vivir. A mí me encantaba”. El técnico que les unió en Barcelona, Añua, firmaría cada palabra bonita que le dediquen a su antiguo jugador: “Su grandeza es la sencillez y será recordado y querido. Era popular, entrañable y sencillo, lo que todos querríamos ser: un hombre bueno. En un mundo tan individual y poco solidario, él hacía las cosas en silencio. Es un ejemplo de vida”.


Un adiós siempre es triste mas si su vida, como en muchos momentos pareció, fue un cuento, el cuento fue precioso. ¿Quién le iba a decir a chico de los infinitos brazos que iba a protagonizar una historia tan bonita? Cuando tenía 17 años, cuando era el raro, el diferente, el que rompía las reglas del juego por sus centímetros sin precedentes, sus menciones en prensa eran propias de circo, del “más difícil todavía”. “No hay traje para él en la mili”, “Duerme en una cama especial”. “El sastre se sube en una silla para tomarle las medidas”. Su honradez, su trabajo y el cambio de escenario propiciaron un guion diferente -y mejor- para aquel al que el baloncesto, como recuerda Trecet, regaló un camino alternativo. “Te puedo decir que Shegun, sin este deporte, no hubiese tenido una vida tan rica como la ha tenido”.

 

“Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo… y en la tierra, son actos”, escribió Celaya, como si estuviera conectado de alguna forma con Shegun por respirar, beber, comer y exprimir como él la Parte Vieja, la que hoy se siente por primera vez anciana, la que hoy se siente por primera vez sola. La bandera del Askatuak tres días a media asta en el pabellón de nombre Gasca, qué ironía. El crespón negro en cada equipo, el minuto de silencio en el Palau. El recuerdo de Mari Jose, las palabras de los que tuvieron la suerte de disfrutar de su humor del norte, de los que tuvieron la fortuna de conocer al pionero. Al jugador y a la persona. En el parqué o en la barra, siete pies de Zaharra.

 

* DAVID BARRANQUERO

Dos leyendas auténticas: Shegun Azpiazu y Essie Hollis.

(Archivo ASKATUAK)

 

 

 

 

 

 

Cuarenta años de trabajo al frente del Club le contemplan a Iñaki Almandoz.

(Foto Archivo ASKATUAK)

 

RELATIVO A LA TEMPORADA 1976-1977

 

A la Copa Korac mientras

preparamos la futura ACB

-marzo de 2016-

 

* Por Iñaki ALMANDOZ

     

Estábamos pletóricos, ilusionados, motivados. El equipo directivo que lideraba José Antonio Gasca (vicepresidente del Club) no nos poníamos límites a nuestro crecimiento y objetivos. En la primera temporada de existencia habíamos ascendido a la máxima categoría (Primera División, pues no existía la ACB) y para participar en ella el patrocinador (Dicoproga) nos amplió su aportación de 800.000 pesetas a 2.500.000 pesetas (aunque en el transcurso de la temporada hizo suspensión de pagos y nos dejó a deber una cantidad importante). Participamos con el nombre de Dico´s.

       

A la hora de confeccionar la plantilla tuvimos la suerte y la habilidad de que repitieran ocho de los jugadores que habían logrado el ascenso: Azpiazu, Zabaleta, Ubarrechena, Juan Aramburu, Yurramendi, Jesús Mari Pérez, Bermejo y  Clavero. Nos vimos obligados a sustituir a nuestro refuerzo americano que nos ayudó a ascender (Ed Robota) y Josean Gasca sacó otra perla de su chistera: Llegó Dave Russell, predecesor de los míticos Essie Hollis y Nate Davis que se incorporarían en las siguientes dos temporadas. Russell fue un gran tirador que destrozaba las defensas con sus muy lejanos lanzamientos (una pena que en esta época no existía el tiro de 3 puntos). Falleció el 28 de diciembre de 1977, en accidente de tráfico, en Orthez (Francia), su nuevo destino en la siguiente temporada (1977-78).

     

Nuestra primera experiencia en la máxima categoría resultó brillante en los aspectos deportivos: Al final de la Liga nos clasificamos en quinta posición, empatados con el entonces Juventud (Badalona) y teníamos indicadores que nos hacían ver el futuro con optimismo pues nuestro equipo y los jugadores destacaban en todas las facetas del juego: rebotes, anotación, recuperaciones, etc.  A modo de ejempo: El prestigioso periódico 4-2-4, especializado en Baloncesto, el día 15 de diciembre de 1976 publicaba la siguiente clasificación de “Rookie” del año: 1º Ubarrechena (Dico´s) 2º Iturriaga (Real Madrid) y Motos (Dico´s) empatados 3º Yurramendi (Dico´s) 4º Garayalde (Baskonia) 5º Romay. Tres jugadores de nuestro equipo entre los seis primeros en una lista  en la que Epi II aparecía en 9º lugar en la clasificación. (A destacar el gran número de jóvenes jugadores debutantes y de talento que llegaron a ser auténticas leyendas de nuestro baloncesto). Y esta clasificación se mantuvo estable toda la temporada para nuestros jugadores: El mismo medio escrito reflejaba en su número del día 2 de marzo de 1977: 1º Ubarrechena (Dico´s) 2º Puente (Valladolid) 3º Iturriaga (Real Madrid) 4º Motos (Dico´s) 5º Yurramendi (Dico´s) 6º Romay (Real Madrid). ¡Qué orgullo!.

     

A nivel colectivo, la temporada fue también muy regular permaneciendo el equipo clasificado durante muchas jornadas en cuarta posición. A modo de ejemplo, el día 7 de marzo de 1977, después de disputados 18 partidos, con 10 de ellos ganados, Dico´s ocupaba la cuarta plaza de la clasificación detrás del Barcelona, Real Madrid y Juventud. En los últimos partidos de Liga perdimos potencial pues, casualmente, la semana que nos tocaba recibir al Real Madrid, nuestro jugador americano -Dave Russel- sufrió una agresión de un “grupo de incontrolados” cuando paseaba por las calles de San Sebastián, lo que le produjo una fractura en un dedo de su mano derecha y decir adiós a la Liga.

       

Para este partido lleno de interés, el 19 de marzo de 1977 (visita del Real Madrid, que a falta de dos jornadas estaba empatado en el primer puesto con el Barcelona y que, curiosamente, llegaba a nuestra cancha en la última jornada), nos marcamos el objetivo de batir el record de asistencia a un partido de la liga española motivando a los aficionados con una acertada campaña con la que atrajimos a más de 6.000 espectadores. Lástima que la agresión a Russell mermó sin duda nuestras posibilidades y mitigó nuestro papel de jueces de una liga apasionante, lo que no impidió que Dico´s entrase en la Copa Korac.

       

Por primera vez en la historia del baloncesto vasco un equipo –ya con el nombre de Askatuak- competiría en Europa. Los equipos que esta temporada 1976-77 compusimos la Primera División fuimos: el campeón Real Madrid, F.C. Barcelona, Breogán, Cotonificio, Estudiantes, Hospitalet, Juventud, Manresa,  U.D.R. Pineda, C.F., Baskonia, Valladolid C.B. y Dico´s (actual Askatuak).

     Paralelamente a lo deportivo, mantuvimos en el Club una actividad frenética  para tratar de cambiar las estructuras del baloncesto de alto nivel (profesional encubierto) modificando su “status quo”. Tener al equipo en 1ª División nos proporcionaba una gran oportunidad, el “púlpito” desde donde hacernos oír e intentar ser escuchados. Innumerables contactos telefónicos con el resto de los clubes, convocatorias y reuniones, su correspondencia, la redacción de estatutos, gestiones múltiples, etc.), a las que destinamos muchas energías económicas y personales formaron parte de nuestro día a día en este intenso empeño.

       

Estos debates y reflexiones supusieron el embrión de las ideas que seis años después (1983) terminaron constituyendo esa hermosa realidad que es hoy en día la Asociación de Clubs de Baloncesto (ACB). He aquí algunas de aquellas ideas:

 

1)       Al baloncesto del primer nivel debía reconocérsele “oficialmente” la categoría de “profesional” y acabar con la farsa del profesionalismo encubierto y no declarado, lo que era público, notorio y reconocido por todas las gentes del baloncesto. Así, entre otras medidas, propusimos a la Federación Española que trasladara a la FIBA (Federación Internacional de Baloncesto Amateur) la petición de que adaptara su nombre y marca a la realidad y a los tiempos, pasando a denominarse Federación Internacional de Baloncesto Asociación. Que mantuviese su logotipo y la marca pero eliminase el concepto “Amateur”. Por supuesto, no se nos escuchó, faltaría más.

 

2)       El baloncesto profesional, para que fuese viable y sostenible económicamente en el tiempo, debía dotarse de una competición interesante y atractiva para el público y los inversores privados. Para lo cual, era imprescindible la mayor igualdad posible y que al inicio de la temporada -en teoría- todos los equipos fueran hipotéticos candidatos a ganar el título. El esquema de que el campeón fuera siempre el Real Madrid o el Barcelona (secciones deficitarias económicamente pero soportadas por la sección de fútbol), con alguna muy honrosa excepción como el Joventut, y continuar con que al empezar la Liga se previese con nitidez quien iba a ser el ganador, era un “rejón de muerte” para el resto de clubes

 

Había que romper esta dinámica de que Madrid y Barsa ganaran la mayoría de sus partidos -entre 20 y 40 puntos- y generar la expectativa deportiva de que los demás pudiésemos “ganar algo alguna vez”.

 

3)       Se trataba de crear una Asociación de Clubes como herramienta para conseguir esos objetivos. Una asociación en la que depositar toda la capacidad de decisión de la totalidad de los temas que nos afectaban: Sistema de competición, control presupuestario, límite salarial, número de jugadores extranjeros por equipo, la relación con Televisión Española (no había otra), etc.

 

Estos planteamientos nos trajeron grandes problemas y enfrentamientos con la Federación Española  y con el “cerebro gris” que dominaba el baloncesto, que no era otra persona que Raimundo Saporta. Un hombre que concentraba y acaparaba tres Vicepresidencias: De un club (Real Madrid), de la Federación Española y de la Federación Internacional (FIBA).

 

Eramos los únicos que cuestionábamos públicamente esta situación tan singular, inaceptable y no exenta de sospechas de favoritismos. Pretendíamos una competición igualada e interesante que llenara los pabellones, suscitase interés en todas las ciudades participantes e incrementase los ingresos de los clubes.

 

Modernizar el sistema, aportar ideas innovadoras o soñar con una competición deportiva más equilibrada fueron ideas que chocaron frontalmente con el stablishment del todopoderoso Saporta. Tiempo después las consecuencias del atrevimiento se concretaron en que Josean Gasca era sancionado un año sin poder entrenar y al Club se le expulsó de la Federación durante una temporada. Curioso. 

     

Pero la verdad es que, a consecuencia de tanto trabajo y esfuerzo, y de infinidad de contactos venciendo miedos y reticencias, por fin, entre todos los clubs, se superaron  fricciones y diseñamos e impulsamos la ACB.

     

Como muestra de esta complicada, pero a la vez ilusionante época, queda constancia en el documento que, fechado el 21 de noviembre de 1977, se conserva en lugar de honor, en el Museo del Baloncesto “Fundación Ferrándiz” de la Federación Española, en Alcobendas.

 

Desde ese año -1977- soy presidente de Askatuak y sigo al pie del cañón en San Sebastián, ahora en el baloncesto formativo. Y aunque nuestro deporte se ha renovado, el Real Madrid y el Barcelona siguen ganando casi todos los títulos. ¿Será posible? 

 

* IÑAKI ALMANDOZ ARAMBURU - Donostia/San Sebastián 1951

 

"Este artículo se publicó en el libro 'Historia del baloncesto en España' donde como  presidente de Askatuak escribí uno de los 250 testimonios de más de cien años de basket".

 

 

 

 

 

 

 

12/2/2014, 19.15h.

 

A los nuevos entrenadores

-12 de febrero 2014-

 

* Por Joan GONZALEZ

 

 

Hoy ha sido mi último día de clase de este curso dando las asignaturas de dirección de equipo y dirección de partido. Dos asignaturas diferentes, pero que se complementan mucho en sus contenidos.

 

Ahora vienen los exámenes, aunque importa poco la nota que saquen en el examen, porque al final cada fin de semana van a pasar uno e incluso en cada entrenamiento van a poner a prueba su capacidad de ENTRENAR y lo pongo en mayúsculas, por que ya sabéis que esta palabra implica tantas cosas, que es más difícil de lo que parece.

 

Mi reflexión va porque noto en los nuevos entrenadores poca capacidad de crítica y de profundizar en aspectos como las dinámicas de los equipos, el trabajo de los entrenadores como generadores de energías, cuestionar métodos y hacer propuestas  nuevas, en definitiva, el ansia de aprender.

 

Hace 12 años que doy clases y os digo que he encontrado alumnos extraordinarios que ahora entrenan en alto nivel o no, pero que tenían un denominador común: querían aprender eso de entrenar a baloncesto. Leían, discutían, profundizaban, opinaban y se enriquecían. Te absorbían, pero disfrutabas. Me iba a casa con la sensación de que había dado todo de mi y que ellos quizás habrían recogido un poquito de esta esencia de ilusión por entrenar.

 

Cuando he estado con un grupo de entrenadores en La Seu de Urgell, en la Escola Joviat de Manresa, en Puigcerdà, en Barcelona... dando clases a J.A. Cuadrat, a Andreu Bou, a J. Vizcaino, Joan Peñarroya, G. Salas, C. Aneas, y tantÍsimos otros, perdón por no poneros a todos, he bajado por el camino llorando por la ilusión que transmitieron, por el esfuerzo realizado durante diez días conviviendo y HABLANDO de baloncesto. Son experiencias que se viven y las recuerdas para siempre.

 

Una de las cosas más preciosas que tiene esta relación de alumno y docente es la relación que con los años se genera en amistad en muchos de los casos. Sigo recibiendo correos, notas en Facebook y sinceridad en los encuentros en los distintos pabellones. Seguimos recordando aquellos días como una experiencia que nos dio la casualidad, pero que este deporte ha hecho que fuera de reconocimiento mutuo.

 

Ahora me encuentro entrenadores, que miran los partidos y me dicen lo mismo que los espectadores que están delante de un TV viendo el partido. No saben o no quieren, alzar la mirada y ver más allá. ¿Lo más importante es ver cómo son los minutos de Pablo Laso para caer en los tópicos? ¿Lo más importante es ver los mates y hacer un “ohhhh” de exclamación y no la causa que genera este gesto técnico? ¿Lo más importante es ver el músculo de un jugador, cuando los hay que no tienen, pero usan la inteligencia para hacer de este deporte algo más que un balón que va a la canasta?. ¿No somos capaces de leer los gestos? ¿solo nos preocupan los tangibles?. Caemos en la crítica fácil de sentenciar a J.C. Navarro y nos sabemos leer qué pasa por un jugador de 33 años, líder, y con mas de 20 años de baloncesto de nivel.

 

No quiero entrenadores que se saquen un titulo para entrenar. Quiero entrenadores que quieran hacer pedagogía a través del baloncesto. Quiero entrenadores que quieran inculcar valores positivos, de esfuerzo, solidarios y que ansíen esta titulación para desempeñar una ilusión. Una ilusión que les llevará a valorar que detrás de cada  ficha de entrenador, representas una forma de generar valores.

 

Sé honesto. Si quieres entrenar, que sea para dedicar mucho de tu tiempo a cambio de muy poco material y un mucho emocional.

 

 

No hay nada como saber que hoy tienes entrenamiento, hoy tienes una nueva oportunidad de dar... una nueva oportunidad de emocionar.

 

* JOAN GONZALEZ 

 

- Entrenador de baloncesto. 

 

 

 

 

 

 

Recetas para padres

en la competición

-10 de febrero 2014-

 

* Por J.A. FERNANDEZ

 

    

                      ES IMPORTANTE que sepa que el 1º OBJETIVO DE SU HIJO/A TIENE QUE SER… DISFRUTAR con aquello que hace. Tanto si su hijo/a ha hecho una buena competición como si no, lo primero que tiene que recordarles es que está allí para pasárselo bien, disfrutar del ambiente y de lo que está haciendo.

 

  • Su hij@ estará nervioso ante la competición, es normal. Lo importante es que nosotros como padres no ayudemos a que esos nervios se incrementen. Si usted también está nervioso, su hijo lo percibirá, así que disimule lo mejor posible y acuérdese del primer objetivo LOS PADRES TAMBIÉN SE PONEN NERVIOSOS PERO  ¿ES BUENO PARA SU HIJO?  PIENSE EN DISFRUTAR.

 

  • RESPETE A SU HIJO. Si le apetece hablar de la competición o no; dele su tiempo y escuche que necesita.

Una de las  cuestiones que más nos demandan los padres es que pueden decir a sus hijos después de una competición.

 

  •   CUANDO LAS COSAS SALEN COMO UNO PENSABA. Si las cosas salen bien, implica que ha habido un pensamiento y sentimiento positivo hacia ellas. Si usted lo tiene, comuníqueselo a su hijo/a, ellos tienen que estar informados y saber qué hay alguien que confía en él/ella y en sus capacidades para afrontar la competición. A veces, basta con estar a su lado para que se sientan apoyad@s.

 

  • CUANDO LAS COSAS NO SALEN COMO UNO PLANEABA. Una mal inicio competitivo, la pérdida de un balón, un mal pase; no ha competido tan bien como él/ella sabe, se notaba desconcentrado… todas estas situaciones pueden pasarle a cualquiera. Recuerde que el NORMALIZAR estos acontecimientos va a quitarle importancia por un lado, y hacer ver a su hijo/a que estas situaciones pueden pasarle a cualquier otro jugador, somos humanos y tenemos el derecho de equivocarnos y poder rectificar en futuras ocasiones. Pregúntele, ¿qué puedes hacer de forma diferente? ¿depende de ti?

 

  •  VALORE EL ESFUERZO Y NO SOLO EL RESULTADO. EDUQUE A SU HIJO EN LA CULTURA DEL ESFUERZO Y EL TRABAJO no solo lo que hago para ahora sino lo que trabajo para mi futuro. Muchas veces la recompensa no es inmediata.

 

  • REFORZAR Y SEÑALAR LOS PUNTOS BUENOS que su hijo/a ha tenido.  Pregúntele quitando importancia a los errores cometidos.  Estos ya los habla con SU ENTRENADOR, AHORA NECESITA UN PADRE/ MADRE. Esto no solo va a ayudar a que su hijo/a pase el mal trago más rápidamente sino que va a predisponerle y a motivarle en futuras ocasiones para que adquiera una actitud de luchador/a ante las complicaciones que se desarrollen a lo largo de su vida como deportista y como persona. Si no podemos evitar el ver los puntos negativos de las situaciones, es mejor que NO los digamos y que nos  limitemos  a escuchar o a estar ahí. PERO NO HAGA UNA LISTA DE TODO LO QUE NO HA SALIDO COMO EL ESPERABA. No se invente cosas para decirle a su hijo/a…. ellos les conocen igual que usted les conoce a ellos, saben cuando está mintiendo!!

 

  •  EDUQUE CON EL EJEMPLO. Recuerde que en las gradas estarán sentados con otros padres de otros jugadores y lo más probable es que su hijo/a les esté observando de vez en cuando. Sean pacientes y demuestren una conducta ejemplar, recordando que las miradas tienen que estar puestas en sus hijos, no en ustedes. Hay muchos deportistas, esto puede dar lugar a comparaciones, intente evitarlas si sabe que sus comentarios pueden llegar a ofender a terceros. A usted no le gustaría escuchar comentarios negativos de la valía de su hijo/a como jugador/a y, sobre todo, NO SE LOS DIGA A SU HIJO. HAY QUE RESPETAR AL RIVAL.

 

  • DISFRUTAR ES TAMBIÉN PARA LOS PADRES. Si tiene que estar horas sentado en una grada, piense que aparte de ser una oportunidad para ver a su hijo; también puede ver a otros jugadores, a compañeros de su hijo/a en acción. El disfrutar de las pruebas y de la compañía de otras personas es también su cometido como padres. En su tiempo de ocio, aunque tenga que estar en una competición, aproveche a hacer nuevas amistades, hablar con otros padres y compartir opiniones. Cambie el “Tengo que ir a ver a mi hijo/a” por el “Quiero ir a verle!”, no lo vea como un sacrificio, véalo como algo que le va a enriquecer a usted tanto como a su hijo/a.

 

  •  Y por último…APROVECHE CADA MINUTO DE LA COMPETICIÓN TANTO COMO LO APROVECHARÍA SU HIJO O HIJA.

 

 

 

* JOSE ANTONIO FERNANDEZ ALVAREZ 

 

- Entrenador de Askatuak en categorías formativas. 

 

 

 

 

Alejandro quiere jugar en la liga provincial de baloncesto - También juega - Ayudémosle

-6 de febrero 2014-

 

* Por Francisco José CONTRERAS DOÑA

 

Alejandro es un chico de 13 años que tiene Síndrome de Down y practica desde hace tres años  baloncesto en el club DKV de Jerez. Alejandro nació en el año 2000 y juega con chavales del año 2003. El club ha realizado los "ajustes razonables" para que la edad cronológica carezca de importancia, si bien tiene tres años más que los compañeros de su equipo, es uno más de ellos, son jugadores con los que entrena dos veces en semana, juega en partidos amistosos, participa y son sus amigos.

 

La diferencia de edad no es considerable, ya que no se aprecian desigualdades en talla y envergadura.

 

Alejandro es un ejemplo más de Deporte Inclusivo, el cual permite que personas como él realicen actividad física con sus compañeros de equipo, es decir, personas con y sin discapacidad haciendo deporte en un contexto normalizado, participando activamente en los entrenamientos y en los partidos amistosos que se organizan, pero no puede participar  en la competición de liga con su equipo, ya que la Federación Andaluza de Baloncesto - Delegación de Cádiz, según nos argumenta el club, nos dice que tratándose de competiciones oficiales, éstas tienen que sujetarse a la legislación correspondiente, que viene a establecer el criterio de edad a la hora de poder competir en una categoría u otra.

 

Te pido por favor que firmes la petición y pídele a LA FEDERACIÓN ANDALUZA DE BALONCESTO-DELEGACION DE CADIZ que adapte su reglamento y permita la práctica inclusiva del deporte para que ALEJANDRO pueda participar en los partidos de la liga provincial.  

 

 

* FRANCISCO JOSE CONTRERAS DOÑA

 

"Esta petición ha sido realizada por su autor, desde Jerez de la Frontera, a la Federación Andaluza de Baloncesto (Delegación de Cádiz), a su presidente Ricardo BB.

 

 

 

 

 

 

¿Actuamos según

decimos en formación?

-16 de enero 2014-

 

* Por Lluis ESCUDERO (*) 

 

 

Cada vez con más frecuencia escuchamos a muchos entrenadores, jugadores, directivos, etc. decir que hay que cuidar la formación de nuestros jóvenes jugadores y no hay que ir a ganarlo todo para demostrar que eres mejor que tu contrincante. ¿Qué quiere decir ser mejor? ¿Estamos realmente convencidos de que hay que cuidar la formación de los jugadores jóvenes? ¿Es mala la competición para la formación de nuestros jugadores?

 

Probablemente las respuestas a estas preguntas pueden ser diversas según quién las dé. Actualmente parece que hay una creencia generalizada en que hay que dejar de lado el resultadismo y pasar a centrarse únicamente en la formación. Es evidente que la formación es importantísima pero ¿que entendemos por formación del jugador? Quizás habría que ponerse de acuerdo en qué es, o cual es la formación de la que hablamos tanto.

 

Podemos encontrar por la red infinidad de blogs en que se habla de este tema. Tenemos importantes figuras mediáticas que nos hablan de la importancia de esa formación por encima de resultados de equipo o de club, lo que pasa es que, según mi opinión, habría de definir lo que entendemos por la formación del jugador.

 

¿Ser mejor que tu oponente significa humillarlo con una presión para que no pueda sacar de fondo, banda, etc.? Eso es lo que vemos en muchas ocasiones en las pistas, sobre todo de categorías inferiores. Lo peor es que cuando termina el partido y la diferencia ha sido de 50, 60, 80 puntos, encuentras entrenadores, aficionados que se sienten muy satisfechos de haber infringido tal paliza al equipo contrario.

 

Seguramente no se han parado a pensar que esos chicos a los que han “apalizado” están en periodo de formación y que también intentan “aprender” a jugar a este deporte. Probablemente, en muchos casos, esos chicos que ahora están recibiendo semejantes y abultados resultados en contra estarán trabajando para llegar a la etapa senior con unos conocimientos del juego que les permitan entender cada situación que se da en la pista. Y probablemente estos “grandes” jugadores que ahora apalizan y cuentan sus partidos por victorias no llegarán, en muchos casos, más allá de cadete o junior.

 

En estos casos los jugadores van quemando etapas antes de tiempo puesto que todo va tan rápido que llegan a un punto en que creen que ya lo saben todo y se aburren del juego. Cuántos jugadores conocemos que en mini marcaban unas diferencias espectaculares, por diferentes motivos, y después, cuando son infantiles, resulta que ya no son capaces de hacerlo.

 

Para empezar debemos tener en cuenta que cada jugador tiene un ritmo de aprendizaje, cada jugador madura en momento diferente por lo que debemos adecuar nuestro trabajo a esa maduración, a ese ritmo de aprendizaje, ya que de esta manera no perderemos al jugador por sentirse “el malo”. ¿Qué quiere decir “el malo”? El que va más lento en su aprendizaje? Seguramente habremos escuchado a muchos entrenadores, directivos o padres hablar de cualquier jugador refiriéndose a él como “el malo”. Esa etiqueta le va a acompañar siempre por lo que difícilmente podrá ir más allá, ya que poco a poco él se va a creer que es “el malo” y en consecuencia no puede competir con el resto.

 

Entendiendo que la competición no sólo es buena sino necesaria para la formación de nuestros jóvenes jugadores y debemos pensar en cómo enfocar esa competición desde la perspectiva de la formación. Competir va a ayudar a nuestros jugadores a prepararse para cualquier situación que se les presente también en su vida cotidiana, por lo que es importante que tengan esa competición pero hay que tener en cuenta que hablamos de jugadores muy jóvenes. Por supuesto, como entrenadores, educadores, debemos ocuparnos de que esa competición sea positiva para su formación contrariamente a lo que ocurre actualmente en muchos casos.

 

La pregunta que creo más importante es ¿qué entendemos por formación del jugador? Quizás hablamos mucho de formación pero no clarificamos lo que entendemos por ello. Sería una buena idea trabajar por unificar criterios de trabajo con los jóvenes para poder ofrecerles una mejor travesía por las etapas hasta llegar a sénior.

 

Podría ser una buena idea crear un foro donde se intentase llegar a un acuerdo en qué y cómo trabajar en categorías de formación. Es posible que esté pidiendo un imposible pero creo que debemos plantearnos cómo estamos gestionando actualmente este tema.

 

Como decía el otro día un compañero y gran entrenador, “ver partidos de cantera ahora mismo es un suplicio en términos de espectador, y de alguien que pretende vibrar viendo explotar creatividad y talento.” Estoy muy de acuerdo con la afirmación y entiendo, desde mi posición de formador, que debemos potenciar la creatividad para que el jugador pueda sacar todo lo que lleva.

 

Estamos demasiado acostumbrados a cortar esa creatividad del jugador amparados en la corrección. Hay que corregir, sí, pero también hay que dejar al jugador expresarse en la pista, y en ese sentido tendemos a intentar imponer nuestra manera de entender el baloncesto por encima de todo.

 

(*) LLUIS ESCUDERO

 

 

 

Es entrenador de baloncesto del AE Boet Mataró.

 

 

 

 

 

 

Essie Hollis, un jugador extraordinario, irrepetible. (Foto Archivo ASKATUAK)

 

Simplemente, Essie Hollis

-18 de febrero 2013-

* Por Juan Pablo BRAVO CAYUELA 

 

Quizá éste sea un paseo por la Calle Melancolía de Sabina, pero me apetecía darlo con uno de mis ídolos de niñez. Con el paso del tiempo amplificas las hazañas de tus héroes, los sobredimensionas y los tomas por dioses, aunque hayan venido después otros probablemente mejores, pero los has hecho tuyos. Son los que te hicieron soñar despierto con mates estratosféricos, tiros imposibles o pases con retrovisor.



A los chavales de mi época las siglas NBA nos sonaban muy lejos. Lo que más se le acercaba eran las entonces increíbles giras que los Harlem Globetrotters realizaban por el mundo. Recuerdo que un niño bien del colegio pasó una temporada en Estados Unidos y volvió extasiado con un tal Julius Erving, al que puso de moda sin que el resto le hubiéramos visto jugar. Así cada vez que alguien hacía un arabesco en su camino hacia el aro, gritaba “Julius”.



Como lo de las redes sociales e Internet no se lo podía imaginar en aquellos tiempos ni Kubrick en su 2001 Odisea en el Espacio, lo primero y más parecido al Doctor J que aterrizó por estos lares fue un negro delgaducho de casi dos metros.  Lo trajo a San Sebastián un adelantado de este deporte, Josean Gasca, y junto a Nate Davis y Mirza Delibasic completa mi trébol de predilectos que marcaron a una generación entera de adolescentes de finales de los setenta y principios de los ochenta. Pónganse cómodos porque nuestro particular viaje al pasado lo haremos en helicóptero y tomen una pastilla contra el mareo si padecen vértigo. Despegamos, el gran Essie “helicóptero” Hollis inicia el movimiento rotatorio de sus hélices. Como un día le dijo a Jordi Villacampa: “comienza el espectáculo”.

 

De patito feo a cisne



Essie fue el primogénito de nueve hermanos y eso le marcó y le responsabilizó. Cuando sus padres marchaban a trabajar quedaba junto a su hermana mayor a cargo de la prole. Pronto demostró oído para la música y aprendió a tocar el saxo, la batería y sobre todo la guitarra, llegando a formar un grupo con sus amigos. Para el deporte no demostraba grandes aptitudes: era alto, pero desgarbado y poco coordinado. A pesar de sus 190 centímetros su entrenador en el colegio no lo animaba a seguir y era objeto de las mofas de sus compañeros, pero el baloncesto le enganchó y decidió entrenar con ahínco. Un playground cercano a su casa fue el escenario de sus progresos; en el verano en que terminó noveno curso acudía a las ocho de la mañana a la cancha y no la abandonaba hasta la una de la madrugada.

 

 

Entrenaba una media de 14 horas diarias y calcula que en esos tres meses ensayó el equivalente a tres temporadas, jugando al día con cinco tandas diferentes de chavales. Sus hermanos eran los improvisados reboteadores y tres de ellos (con Charles, que murió en 2008 de cáncer, como su mayor fan) llegaron a jugar a basket a nivel aficionado. Cuando a la vuelta de las vacaciones “Bee” (abeja, como le apodaban en el barrio) ingresó en el instituto, el torpe había mutado sus movimientos hasta hacerlos fáciles (Easy como también le denominaban) y sincrónicos. Se pasaba el día botando toda pelota que tenía a su alcance, ya fuera de ping pong, tenis o basket hasta tener el dominio de un malabarista.

 

 

Acompañaba a su amigo Joe Blanks a descargar contenedores de 50 galones del camión de basura que tenía su padre, con lo que fortaleció sus escuálidos brazos y en el duro invierno de Erie, Pensilvania, acudía a la cancha callejera con pala en mano para quitar la nieve. Su entrenador en Strong Vincent, Robert Trombocco, lo pulió y al culminar el último año de high school con un promedio anotador de 30,1 puntos recibió las ofertas de algunas de las mejores universidades americanas. Rechazó las invitaciones de la UCLA de John Wooden o la Indiana de Bobby Knight.

 

 

San Buenaventura



Se decantó por una pequeña universidad a unos cien kilómetros al este de Erie, casi en la frontera con el estado de Nueva York. Lo reclutó Larry Weise antes de Jim Stalin se hiciera cargo del equipo. El entrenador siempre lo recuerda sonriendo. Su ayudante Bob Sassone evoca el pasaje en que dio su abrigo del ejército al joven Essie que había llegado al campus con lo justo (las normas prohíben la compra de regalos a los jugadores) para evitar que se pelara de frío.

 

Fue llegar y besar el santo. A pesar de las miradas de recelo de los más veteranos, Hollis a partir del cuarto partido se hizo con la plaza de titular. El novato compartió la inquietud con su entrenador al que le dijo que no le importaría comenzar en el banquillo. El coach zanjó la cuestión: “tú juegas y yo entreno”. A lo largo de sus cuatro años promedió 18,5 puntos y 9,1 rebotes desde tres diferentes posiciones en la cancha (escolta, alero o pivot) con algunas anotaciones escandalosas como sus 49 puntos ante Catedral o los 51 ante Oliver. En su último año se fue hasta los 21,8 puntos y 10,4 rebotes y terminaron con un balance de 20-6 que no resultó suficiente para recibir la invitación entre los entonces 32 equipos de la fase final de la NCAA.

 

 

Ganaron el por la época muy prestigioso torneo de la NIT, al que acudían los que habían quedado fuera de aquella, en el Madison de Nueva York al derrotar a los Houston Cougars en la final por  94 a 91. Las otras estrellas del conjunto eran Jim Baron, padre del exjugador del Bruesa e íntimo amigo de Essie, Greg Sanders –máximo anotador- y el escolta Glenn Hagan. De madrugada, tras el triunfo, cinco mil personas les recibirían a su llegada al campus.

 

 

Del Jazz de Nueva Orleans al de San Sebastián



Fue elegido en la segunda ronda del draft en el puesto 44 por los Jazz de Nueva Orleans junto al fenómeno Pete Maravich -¿se imaginan lo que hubieran hecho los dos juntos?- y a Truck “el camión” Robinson, pero le cortaron en el campamento de entrenamiento.



En las postrimerías del verano de 1977 el genio Josean Gasca que había colocado a su equipo, Dico´s San Sebastian, quinto la temporada anterior, se tenía que reinventar. Sin patrocinador, había logrado vender a su estrella americana Dave Russell e invertir ese dinero en la adquisición de dos estadounidenses, uno de ellos únicamente participaría en competición europea. En esas y por mediación del intermediario Jim McGregor llegó  Essie como alma en pena, tras el rechazo de los profesionales, para probar como “segundo americano” del Askatuak.

 

 

La primera plaza parecía otorgada a un grandullón de 2,17 metros, un tal Ken Beasley. El primer “bolo” se llevó a cabo en Bayona contra precisamente el Orthez de Dave Russell que unos meses más tarde se mataría en accidente de coche.  El periodista Ramón Trecet muy vinculado a Gasca y al baloncesto en Donostia por la época lo relata “Essie estaba como perdido… Supimos que para él pasar pruebas era un castigo, porque no entendía la falta de confianza, pero aquel día hizo dos cosas y nos quedamos todos mirándonos entre nosotros”. Algo más atisbó Gasca cuando a los pocos días se quedó con Essie como primer espada. “Me vendría mejor el alto, pero va a ser emocionante ver a Hollis”, arguyó.

 

 

Iñaki Almandoz cofundador del club y pieza fundamental del basket donostiarra apostilla aún más en el magnífico artículo que para ACB.com publicó Quique Peinado: “Nada más verlo jugar nos dimos cuenta de que era un hallazgo, una maravilla. Driblaba, tiraba, pasaba…¡Y qué físico! Hacía cosas que no habíamos visto jamás. Enseguida supimos que el bueno era él”.



La temporada empezó rara, pues dio inicio con eliminatorias de la Copa del Rey, y no fue hasta noviembre cuando se puso de largo la Liga. A Essie le sirvió el castellano que había aprendido con el profesor Hogan durante dos años en el instituto y gracias a embajadores como Josu Pérez o Mikel Aldona, que se convirtieron en amigos de por vida, se fue adaptando a las costumbres locales. Se sorprendía con la siesta y adoraba el buen pescado, La Concha y los pintxos.

 

 

De inicio dos mihuras y sendas palizas ante el Madrid en casa y el Barsa en la Ciudad Condal, donde Gasca no se pudo sentar en el banquillo al ser expulsado y sancionado en el debut ante los blancos. Su liga empezaría ante el Manresa donde Essie realizó una primera jugada que hoy todavía se recuerda al remontar la línea de fondo y estampar un mate a dos manos a canasta pasada ante el incrédulo gigante Bob Fullarton. Se dejaba la mitad del sueldo en llamadas a casa, pero disfrutaba enormemente del basket, de la ciudad y de su gente. En nada se convirtió en un ídolo, Superbeltza (supernegro).

 

 

Siete mil espectadores copaban cada quince días el velódromo de Anoeta e hizo una legión de seguidores por todos los pabellones españoles. Una canasta suya ante el Basconia certificó el mantenimiento de la categoría con una plantilla nacional de jugadores de la zona alrededor de una estrella rutilante que terminó como máximo anotador de la categoría con 39,18 puntos por partido. En marzo al Hospitalet le endosó 55 puntos y en los cuartos de final de Copa a doble partido (93-90 y 97-91) estuvo a punto de llevarse por delante al Juventud Badalona del gran Moka Slavnic que sería Campeón de Liga. En el primero de los mismos hizo 61 puntos, sin que existiera la línea de tres puntos, con 16 canastas seguidas. La única mala noticia que trajo el año fue el fallecimiento de su madre.

 

 

Esa primavera el Barsa se llegó a plantear contratarlo para competición europea la temporada siguiente, pero Essie tenía otros planes. Se marchó agradecido “Si quitamos a los americanos, Askatuak tiene mejor equipo que muchos de la categoría”, “Con Gasca he perfeccionado táctica y estrategia”, “He aprendido de Gasca y enseñado a mis compañeros”, diría.

 

 

La decepción definitiva y la vuelta a Europa



En su cabeza estaba entrar en profesionales. Cuando llegó al Training Camp de los Pistons no se creían que hubiera metido casi 40 puntos por partido en España hasta que comprobaron en sus carnes la facilidad anotadora de Essie al promediar 33 puntos en los primeros encuentros. Dick Vitale, hoy insigne e histórico analista de la cadena ESPN, fue contratado desde la Universidad de Detroit como nuevo entrenador de la franquicia y prefirió dar minutos a dos discípulos colegiales suyos, Terry Tyles y John Long, en lugar de a Hollis.

 

 

Debutó con victoria ante los Lakers haciendo 9 puntos y 7 rebotes, pero su presencia en la gran liga no pasó de testimonial a lo largo de 25 partidos con 2,8 puntos y 1,8 rebotes de media. Todavía hoy no se imagina el señor Vitale cuanta gente le estamos “agradecidos” en España. A mitad de temporada marchó a la CBA para hacer campeón a los Rochester Zeniths con 17,2 puntos por partido.



En la siguiente campaña retornó a Europa para erigirse en el máximo anotador de la A-2 italiana en el Rodrigo Chieti con 28,2 puntos y 9,6 rebotes. Tendría como compañero americano al pivot Bill Collins que después jugaría en Ferrol.



En el verano del 80 salta la noticia. El entonces presidente del Granollers, Antonio “Kissinger” Novoa coge un vuelo a Nueva York para ficharlo. Después de varios retrasos, en agosto llega al Prat acompañado de su esposa y de un enorme radiocassette. Es portada del nº 1 de la mítica revista Nuevo Basket. Areslux había sido el equipo revelación el año anterior, pero había perdido a su principal referencia “Chichi” Creus que había emigrado al Barsa.

 

 

Ángel Palmi, designado entrenador del año en la campaña precedente, y hoy ilustre director deportivo de la Federación Española, recuerda al monstruo: “Vivía a otro ritmo en la pista. Daba pases que sus compañeros no veían y perdía muchos balones por eso. Mi esfuerzo iba encaminado a que viera que tenía que bajar el pistón para que el resto pudiera seguirle”. A pesar de los puntos de Epi I y Mendiburu y de las exhibiciones de Essie (segundo máximo anotador de la Liga con 26,9 puntos y mejor taponador) con algunos partidos estratosféricos (43 puntos al Helios Zaragoza y 45 al Estudiantes) el resultado colectivo fue mediocre.



En su año en Cataluña la cosa no mejoró. Se puso tan feo que mediado el mismo se dio un ultimátum a la plantilla, o se ganaba o multa por la mitad del sueldo. Hollis jugaba más que nunca para el equipo y asistía con fluidez especialmente a Mendiburu. Desde la directiva se le acusó de que no anotaba, los 25 puntos que promediaba no parecían suficientes, así que reaccionó a lo grande: 43 puntos ante el Joventut, 34 en el Pabellón en la derrota por 3 ante el Madrid por los 36 de Mirza Delibasic, 43 por los 40 de Nate Davis ante el Miñón Valladolid, 36 contra el Naútico y 31 en Ferrol.

 

 

El cambio de Codina por Zorrozua sirvió para salvar la categoría con Hollis (27,1) y Mendiburu (24,5) como cuartos y sextos encestadores de la competición. No llegó a un acuerdo de renovación y la última noche se despidió de manera muy emotiva de sus amigos de Nuevo Basket que le idolatraban en el Pub La Ceniza. Fichó por el Levole Mestre italiano de Moncho Monsalve, donde pese a promediar 24,3 puntos y 8,9 rebotes, descendieron.

 

 

A Vitoria



Txema Capetillo lo reclamó para Baskonia y el club vivió dos plácidas temporadas entre los grandes, en la A1, con llenos permanentes en Mendizorroza.  Compartió plaza extranjera con el voluntarioso Clarida y con el tan inteligente dentro del campo como peculiar fuera, Terry White. Un artista del billar, el mus y la farra en general, que discutía sus contratos en castellano y en pesetas, según explica socarrón Xavier Añua, un mito del deporte alavés que los tuvo a sus órdenes en la segunda campaña.

 

 

De Hollis cuenta en el maravilloso reportaje de baskonistas.com que era abstemio, que se cuidaba un montón, aunque tuviera el cuerpo como un mecano con dos dedos de la mano rotos, que le gustaba bailar y que era un poco tacaño, de tal manera que cuando iba a las discotecas compraba previamente una botella de tres cuartos de litro de coca cola, pedía un vaso con hielo y así se ahorraba la consumición. Todos fueron actores de fondo de la película La Vieja Música con un reparto de relumbrón donde Federico Luppi y Antonio Resines tratan de reconducir la situación del Breogan de Lugo.



La plantilla nacional era de garantías con jóvenes de la tierra que apuntaban muy alto como Aitor Zárate, Pablo Laso o Alberto Ortega (con los que Essie organizaba continuas sesiones de técnica individual y 1 contra 1), valores en alza como Davalillo o Mikel Cuadra y jugadores consolidados como Miguel López Abril, Iñaki Garayalde y Josean Querejeta, que fue el máximo anotador con 30 puntos en el primer título baskonista, la Copa Príncipe de Asturias.



En los playoffs de la primera temporada frente al Licor 43 Essie cometió su único gran error reprobable de su carrera deportiva. La defensa de la “mosca cojonera” que era Joaquín Costa (según Essie, junto a “Indio” Díaz sus mejores defensores) le sacó de quicio y le agredió, dándole un codazo. A pesar de las inmediatas excusas posteriores a jugador y dúo arbitral, le cayeron 6 partidos, lo que puso en seria duda su continuidad en el equipo. Le fueron condonados gracias a la amnistía concedida en la despedida de Ernesto Segura de Luna y deleitó una segunda temporada a los vitorianos, si bien su nivel de juego y anotación bajó un tanto de los 27 a los 22,3 puntos. Al final de la misma entró Pepe Laso con la idea dos foráneos puramente interiores y Essie no renovó, algo que muchos alaveses no entenderían.

 

 

Aún conserva el record anotador de un jugador de Baskonia en un partido, 53 puntos ante el Miñón Valladolid de Nate Davis. En 2008 la revista DATO realizó una encuesta entre los periodistas deportivos alaveses para descubrir al mejor jugador de la historia del Baskonia; a pesar del tiempo transcurrido, Hollis obtuvo la cuarta plaza, tras Luis Scola, Bennett y Pablo Laso. Ahí es nada.



Los directivos del Estudiantes pensaron en él para sustituir al lesionado David Russell, pero su contratación no se llegó a concretar. “La Demencia”, a la que tras un partidazo saludó en plan Ghandi, hubiera enloquecido.

 

 

La 1ª B



Aquí descendería un escalón e iniciaría su peregrinaje por equipos de la entonces 1ª B. Su primera parada le sería conocida, San Sebastián, bajo el patrocinio de Pacharán La Navarra. En su primer partido en Bilbao dio tal exhibición que al ser eliminado por faltas el público le dedicó una ovación de más de un minuto. Alguno todavía rememora los 37 puntos, 18 rebotes, 10 asistencias y 10 robos de balón que hizo ante Seguros Caudal, con la oportuna sacada de pañuelos.



Xavi Fernández, el escolta internacional que luego desarrollaría una excelsa carrera en el Barsa, le subrayaría como el primer gran fichaje de la historia del León. Rozarían el ascenso durante un par de años y le harían la pascua al entonces Bancobao Villalba, para desgracia de mi amigo Juan Luis que siempre me lo recuerda, al que una noche sublime del genial Hollis desbarató sus ilusiones ACB. Su compañero en El Bierzo, Mikel Cuadra, hoy gran escritor y columnista lo tiene claro: “Era tan imaginativo que para un entrenador metódico era un fastidio. Lo suyo era pura anarquía, pero una anarquía maravillosa, por eso jugó tantos años en Primera B donde el baloncesto era mucho más libre”.



Cachondo él, cuando se le preguntaba por la retirada decía “hasta que el cuerpo aguante; ni bebo ni fumo ni voy con hombres…”. A su amigo, el erudito periodista Pere Ferreras, le confesaba que le quedaban 300 saltos y que los tenía que ir dosificando. Su penúltima parada la haría en el Syrius Mallorca de Miguel Tarín y cuando llevaba 10 meses fuera de las canchas recibió una llamada para sustituir a Russell Cross (nº 6 del draft) y salvar en 9 partidos del descenso al Hospitalet. Consiguió su objetivo, pero lamentó hacerlo a costa de mandar a Segunda al Askatuak, el equipo que lo había traído a España, donde jugó 10 de sus 14 temporadas como profesional. Ese 19 de mayo de 1990, con 22 puntos y 6 rebotes, cerró la puerta del vestuario para no volver a abrirla más.



Su juego, leyendas y realidades



Él cuenta que jugaba a tres velocidades (rápida, lenta y superlenta) y que cambiaba de ritmo en función del rival que tuviera delante. Tenía un dominio de balón asombroso, le encantaba botar el balón a 10 centímetros del suelo (mi padre alucinaba cuando lo veía) para meterse luego el balón entre las piernas y lanzar en suspensión desde muy atrás. Pasaba como los ángeles y era el jugador extranjero líder en asistencias. Confiesa que le hubiera gustado jugar de base, pero era otra época. De hecho, al jugador español que más admiraba era a Juan Antonio Corbalán.



Al periodista Antoni Daimiel le preguntaron qué era lo que le faltaba por ver en una cancha. Medio en broma respondió que ver el mate de Michael Jordan de la película Space Jam en que tras rebotar en el suelo el balón toca el techo, pero que se rumoreaba que en tiempos eso ya lo había hecho Essie Hollis en alguna cancha catalana… A saber.



Sí es cierto, según relataba a Iñigo Puerta en el Diario Vasco en un maravilloso reportaje, que entrenando en el Velódromo de Anoeta coincidió con los saltadores de altura y sin apenas calentar sobrepasó los 2,02 metros. De ahí su apodo, helicóptero, porque se quedaba suspendido en el aire.



No llegaba a lo de Nate Davis, que apostaba (y ganaba) a sus compañeros de Valladolid que era capaz de coger de un salto billetes de mil que éstos le colocaban con una escalera en la parte superior del tablero, pero saltaba un rato. La metía para abajo con el codo o tocaba el aro con la cabeza. Fue además un fantástico taponador, con un gran timing.



Su esposa Sharon, como buena jamaicana odiaba el frío, por lo que tras su retiro decidieron ubicarse en la cálida Florida, en Fort Lauderdale, donde Essie da clases de español, además de entrenar baloncesto en el Instituto Taravella. Son padres de dos hijos: Kiara, modelo publicitaria, y Damian, jugador profesional de baloncesto en Hungría.



En lo que Essie es un auténtico campeón es en el arte de hacer amigos. Allá por donde ha ido ha dejado un tropel de ellos. Iñaki Garayalde contaba en el artículo de Quique Peinado para ACB.com que fueron a jugar a Granollers y de camino a la cancha, debido a una nevada, se tuvieron que bajar del autocar y seguir a pie. Essie insistió en ayudar a la gente de los coches que habían quedado tirados. Llegaron con el tiempo justo para recibir unas friegas de alcohol y jugar el partido, que dicho sea de paso perdieron con un último tiro fallado por Essie. Lo único que le preocupaba después era saber si la gente de la carretera estaba bien.



Recibe periódicamente llamadas de medios de comunicación españoles; en el programa radiofónico Tirando a Fallar, Vicente Azpitarte y Antonio Rodríguez le hicieron una maravillosa entrevista en la que éste contaba la anécdota del Mundial Sub 19 de 2007 en Novi Sad al que el periodista se había desplazado. Finalizado el mismo, le pudo la curiosidad y se acercó a los componentes del combinado estadounidense que había perdido la final. Allí estaban Stephen Curry (hoy excelso jugador profesional e hijo de Del Curry, mítico jugador durante 16 años de la NBA) y un tal Hollis, al que sus maneras habían recordado al periodista a un viejo mito de la ACB de los 80.

 

 

“Oye chaval ¿tú padre no se llamará Essie y jugó al baloncesto en España?” preguntó cauto Antonio. “Sí”, respondió sorprendido el chico. Antonio se fue hacia Damian para felicitarle, darle recuerdos a su padre, decirle que era el Dr. J europeo, el ídolo de una generación de críos en España y toda una riestra de epítetos que dejaron locos a la pareja que no esperaba una alusión hacia el progenitor más anónimo de los dos.



Como escribía Miguel Ángel Paniagua en un artículo sobre los extranjeros de la ACB: “Ha cambiado seis veces de equipo en España. El problema para los equipos es siempre encontrar un sustituto que haga olvidar a los aficionados que Essie Hollis jugó allí”.



Me quedó con la reflexión de Ramón Trecet: “Nunca nadie me ha hecho sentir lo que Essie Hollis en una cancha de baloncesto, ni siquiera las grandes estrellas de la NBA”.



Cuando a veces me preguntan: Juanpa, ¿por qué te gusta tanto el baloncesto? La respuesta es sencilla. Por tipos como Essie Hollis (y Nate Davis y Mirza Delibasic y Magic Johnson y Larry Bird y Michael Jordan y Juan Carlos Navarro, y tantos…), luego viene la defensa, los sistemas, el esfuerzo…, pero primero fueron ellos. 

 

* JUAN PABLO BRAVO CAYUELA - Madrid, 1969

 

 

"Mudé de jugador regular a entrenador más que aceptable para terminar y empezar como gran aficionado. Mi barrio la Prospe, mi patio el Colegio Claret y su diminuto gimnasio en el que debutó el gran Fernando Martín como federado. Mi jugada la asistencia".

 

 

 

 

 

¿Qué nos hace

un equipo especial? 

-20 de octubre 2012-

 

 

* Por David BLANCA 

 

--PLANTILLA--

 

Con frecuencia, los entrenadores encontramos cada temporada grupos de personas con hambre de hacerlo bien.

 

Si desde el cariño, el respeto y el conocimiento fomentamos ese hambre y lo enfocamos hacia el hábito de entrenar adecuadamente, solemos conseguir crear un ambiente sano y favorable donde implementar poco a poco los valores intrínsecos del deporte. Añadiendo claro, los particulares que nos brinda el juego de equipo que conocemos como baloncesto.

 

Conseguir esto no debemos considerarlo algo especial, sino una normalidad bien conseguida. ¿Es acaso especial conseguir que tu equipo funcione como tal? es una diferenciación o cualidad tan inhabitual?

 

¿Acaso el resto de equipos no se esfuerza? ¿no son buena gente? ¿no fomentan valores sanos?  Lo digo porque con frecuencia escucho :"Mi equipo es especial porque son: XXX o XXX o XXX" cualidades que podrían aplicarse también a la gran mayoría del resto de equipos (o eso creo apreciar )

 

Me viene a la cabeza...

 

Lo digo porque en nuestro entorno afortunadamente veo muchos equipos bien entrenados. Bien cuidados, con gran dedicación, compromiso y esfuerzo por parte de todos. Aquí en el norte, parece que tenemos ciertos mínimos que gustamos de conseguir y los chavales, aunque menos que antaño, tienen el gusto de querer ser buenos deportistas.

 

Entonces ¿por qué creo que el nuestro es especial (en el contexto de la liga)?

 

Sin mirar las virtudes comunes a muchos otros, podríamos pensarlo si miramos a:

 

  • 1.- Adaptación al jugador y no al revés.

Como el resto de entrenadores, tengo mis preferencias a la hora de construir un equipo. Quien no sueña con la imagen (real o imaginaria) de ese jugador que le viene perfecto para completar su plantilla... Pues no funcionamos así.

 

Tratamos de adaptarnos a lo que tenemos mirando uno por uno únicamente si es capaz de dar el nivel mínimo de la liga. A partir de ahí, vemos cómo mejorarles, cómo podemos jugar en función de si hay 1 pívot, 2, 3... cuántos bases... qué estilo podemos implementar que les mejore... cuántos días podemos entrenar, en qué horarios, qué edad tienen y qué posibilidades de mejora, qué disponibilidad tienen a aprender, a meter gimnasio, si trabajan, si estudian, si les va bien en casa, si pueden viajar, si podemos ofrecerles disfrutar cuando estén en cancha...

 

Todo gira entorno a las necesidades del jugador. Una vez visto lo que tenemos, tratamos de completar sabiendo que el jugador fichado, deberá adaptarse a las necesidades ya creadas por los nuestros y no al revés. Que viene a adaptarse a lo que permita progresar a lo que tenemos tratando de competir por el camino.

 

De esta forma, entrenamos tanto como nos permite tener estudiantes, sus horarios, tenemos quien se va de Erasmus, quien llega tarde por horarios, quien tiene lesiones que le impiden rendir al 100%, quien veta un fichaje por no verle buena persona, quien está de vuelta tras una lesión y se le espera con mimo, quien es joven y no tiene peso o le falta alguna cualidad importante que le haría no estar en otro LEB...aquí el jugador de Askatuak es protagonista.

 

  • 2.-Los de casa, los primeros (no hay piso para foráneos)

Algo que me enamoró de Josemi Zuaznabar. Mi primer ENTRENADOR. Ese que consiguió que siempre tuviera ganas de baloncesto.

 

ÉL dice :"Los malos de casa, los primeros". Yo he quitado el "los malos". Jejé Otro día lo explico.

 

Si lo extrapolamos al equipo en LEB, podríamos concretar que ofrecemos al jugador de Donostia (y alrededores) la oportunidad de crecer, desarrollarse y competir en un entorno creado sólo para favorecerle. Ojalá veamos a Aitor y a Josu (seleccionados del equipo de Fernando) queriendo probarse con nosotros; Ojalá otros con su misma ilusión, dentro de este club o de otros, quieran y estén en disposición de aceptar el reto de venir a jugar por Donosti. De compartir objetivos e ideales dentro de nuestra forma de ver el juego y pueda compaginar su vida habitual con nuestra pasión.

 

Del ascenso desde EBA, sólo Iñaki Ascensión (y más tarde Jon Castelruiz) decidieron no seguir. Precisamente sobre Iñaki irá mi próxima entrada en este espacio. Fue su decisión, no la nuestra. El ofrecimiento estuvo ahí. Siempre que se pueda, trataremos de mirar en cerca para completar a los nuestros.

 

  • 3.-El baloncesto es lo que más importa de las cosas menos importantes

Ante todo, la humanidad de todos y cada uno de los integrantes del club y del equipo. El respeto. El cariño. El interés por hacer equipo, por hacer club, por hacer deporte sano, por reír, por esforzarse, por aprender. Dar y recibir.

 

No concibo un integrante chulo, un integrante irrespetuoso, que no quiera aprender, que dé lecciones sin gusto por las formas, que muestre reproches y no admita correcciones; que dé voces y no hable con propiedad, que quiera imponer su criterio (quiero más de esto, más de lo otro), que tenga un mal comportamiento hacia el club... Nadie por muy bueno que se crea tendrá sitio sin ser aceptado por los demás. Lo mismo que sabemos lo que ofrecemos, también lo que pedimos.

 

Englobando esas tres premisas diferenciadoras (quizá todas por separado no, pero juntas sí), podemos ver que tenemos este año un equipo de jugadores mayoritariamente de Guipúzcoa jugando en LEB.

 

Con dos navarros (Asier habla más euskera que yo) y un madrileño (con txapela) que además de ser un excepcional jugador es ya un amigo desde el año pasado... y sin contar con ningún extracomunitario.

 

Los fichajes han ido en esa dirección (pasan del nivel mínimo, viven cerca y son muy buena gente) y considero que este año (y dicho en muy diferentes entornos) somos un equipo especial en la exigente competición.

 

Ahora ya tocará ver cómo podemos jugar, cómo debemos entrenar para acabar el año habiendo sido competitivos, habiendo disfrutado de cada minuto y estando mejor preparados para el año siguiente.

 

 

Un reto apasionante.

 

(*) DAVID BLANCA

 

 

Es entrenador del primer equipo de Askatuak - Actualmente en la Adecco Plata.

 

 

 

 

 

Lógica versus instinto

-1 de octubre 2012-

 

* Por David BLANCA 

 

--GESTIÓN DE GRUPO-- 

 

En esta primera mirada, creo conveniente hablar sobre lo difícil que resulta lograr una dinámica positiva y sobre todo mantenerla a lo largo de la temporada.

 

Es por encima de otras cuestiones, la verdadera "misión" del entrenador. Del porcentaje de éxito en saber implicar a todos sus elementos disponibles (jugadores, padres, cuerpo técnico, directiva, aficionados) radicará la fortaleza para afrontar los momentos complicados que a buen seguro se presentarán de una forma u otra a lo largo de cada curso.

 

Otro día hablaré de estructuras, de estilos, de adaptación al medio, de encontrar el propio equilibrio,... aspectos clave que deberemos decidir para inclinar la balanza hacia esa dinámica positiva.

 

Hoy quiero llamar la atención de la batalla mental que puede tener lugar en la cabeza del jugador cuando se enfrentan su parte racional contra su parte emocional.

 

Motivado casi siempre por aspectos individuales como son los minutos jugados, los tiros hechos, las veces que toca el balón, su rol, el trato del día a día en los entrenamientos y múltiples factores que hacen componerse una imagen en la cabeza que suele chocar con la parte racional de la misma imagen.

 

La racional nos puede decir que es fantástico estar en un muy alto nivel al lado de mis compañeros de siempre; pero la emocional nos puede hacer distorsionar la vista hacia otro plano más solitario.

 

El jugador hace un esfuerzo por jugar e integrarse en un equipo y espera una recompensa emocional a cambio.

 

Veamos un ejemplo que viene al caso:

 

¿Conocéis el juego del ultimatum?

 

Abro un paréntesis y lo detallo: Fuente Universidad Carlos III de Madrid

 
¿Se puede cuantificar el egoísmo? En 1982, los economistas Güth, Werner, Schmittberger y Schwarze diseñaron un experimento muy sencillo (aunque no barato) que ha posibilitado el estudio cuantitativo de la cooperación y el altruismo en la conducta humana. El experimento se conoce como “juego del ultimátum” y en el participan dos jugadores, aunque cada uno desempeña un papel diferente. Uno se denomina “proponente” y el otro “respondedor” (responder en inglés).

 

El experimentador les ofrece una cantidad de dinero, pongamos 100 euros, que tienen que repartir del siguiente modo. El proponente decide cómo se reparte, es decir, propone el re- parto que se le antoje, por ejemplo, 80 euros para él y 20 para el otro jugador. Pero es éste último, el respondedor, quien decide aceptar o rechazar la propuesta de reparto. Si la acepta, cada uno se lleva la cantidad propuesta por el proponente. Pero si el respondedor rechaza la oferta... entonces ambos se vuelven a casa con las manos vacías.

 

¿Cuál debería ser la estrategia de cada jugador si ambos actuaran racionalmente y con el único objetivo de maximizar su ganancia? En principio se podría pensar que una propuesta de reparto muy desigual, como la de la figura 1, ofenderá al respondedor y será airadamente rechazada. De hecho, así ocurre en los experimentos realizados. Sin embargo, si el respondedor tuviera una conducta genuinamente racional y tratara únicamente de maximizar su ganancia, debería aceptar cualquier mínima oferta, puesto que rechazándola estaría perdiendo dinero.

 

A su vez, el proponente, previendo esta conducta puramente racional, debería proponer el reparto más desigual posible. Si, por ejemplo, la mínima unidad monetaria de la que dispone para hacer el reparto es un euro, la estrategia racional para el proponente sería la oferta: 99 euros para mí y 1 euro para el respondedor. El respondedor racional, libre de cualquier condicionante emocional, debería contentarse con el euro que se le ofrece, que es en cualquier caso mejor que nada.

 

 

¿Qué % estarías dispuesto a aceptar como justo? como suficiente. Si atendemos a lo racional, cualquier cantidad es mejor que nada. Pero si entran en juego las emociones, vemos que no es así.

 

En los últimos 20 años, se ha publicado una gran cantidad de trabajos experimentales realizados con individuos de todos los países y culturas y con dinero real, que a veces alcanza sumas equivalentes al sueldo medio de tres meses. La mayoría de los experimentos se hacen sin que lo jugadores se vean las caras o sepan quién es su contrincante y de modo que cada jugador participa una sola vez. Se elimina así la posibilidad de que los jugadores estén influidos por la identidad del oponente o que elaboren algún tipo de estrategia de intercambio.

 

Los resultados se alejan mucho del comportamiento “racional”. Los respondedores no aceptan cualquier cosa: suelen rechazar ofertas muy desiguales, en las que el proponente ofrece en torno al 20% del total a repartir. Es decir, son capaces de sacrificar ganancias significativas con tal de castigar a un proponente excesivamente egoísta. Por su parte, el comportamiento típico de los proponentes es ofrecer repartos equitativos, 50-50, o sólo muy ligeramente favorables, 60-40.

 

Cierro el paréntesis.

 

(*) DAVID BLANCA

 

Es entrenador del primer equipo de Askatuak - Actualmente en la Adecco Plata.

 

 

 

 

Deporte de base o de altura 

-27 de setiembre 1997-

 

El Diario Vasco, 27 de setiembre 1997

(Archivo ASKATUAK)

 

 

 

 

 

Askatuak Saskibaloi Taldea

Paseo de Anoeta Nº 22

20014 Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa)

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